Desde bien pequeño mis padres me enseñaron a amar la lectura. Al principio costó un poco, pero desde luego, acabé siendo lo que en inglés se conoce como un bookworm, como se conoce a los devoradores de libros.
Pero pronto no me valió solo con lo que leía, necesitaba más, necesitaba crear yo también. Mucha información absorbida + mucha imaginación = creador nato. Atentos, no digo bueno ni malo, simplemente creador. Ahora, ya es talento y trabajo de cada uno ser de calidad.
Mis primeros relatos eran pequeños cuentos, la mayoría girando alrededor de la fantasía medieval. Recuerdo vagamente uno, titulado El diamante del Dragón. La historia trataba sobre un protagonista que se enfrentaba a unos seres humanoides rosas, los imp, para acabar llegando hasta un enorme diamante verde... o rojo, quién sabe, custodiado por un dragón. La verdad es que no era muy buena historia, pero ya tenía claro a que lo que ami me iba era contar historias.
El verdadero boom llegó a los 12 años. A esa edad conseguí mi primer ordenador. Sin internet. Sin videojuegos. Solo un Windows 98 con lo básico. A eso se sumó que justo leí la pentalogía de Camelot y el Libro de Merlín, de T.H. White.
Mi afición y obsesión por la leyenda artúrica no hizo más que acrecentar mis ganas de hacer algo similar, de plasmar lo que yo tenía en la cabeza, todo ese mundo de caballeresca, dragones, doncellas y guerreros. Con mucho tiempo y un ordenador con word, todo fluyó solo. Con 12 años comencé a escribir por priemera vez, una novela nada menos: Las Ruinas de Ávalon.
Mi afición y obsesión por la leyenda artúrica no hizo más que acrecentar mis ganas de hacer algo similar, de plasmar lo que yo tenía en la cabeza, todo ese mundo de caballeresca, dragones, doncellas y guerreros. Con mucho tiempo y un ordenador con word, todo fluyó solo. Con 12 años comencé a escribir por priemera vez, una novela nada menos: Las Ruinas de Ávalon.
La historia comenzó con un claro tono arturesco, propio de las novelas de caballería. Pero para cuando terminé el libro había alcanzado ya los 16 años. Y entre medias había leído un poco de todo. Y eso se había reflejado en la novela. Lo mismo encontrabas momentos llenos de orcos y elfos, que vampiros, piratas, caballeros o tramas místicas y de fuerzas mentales. Eso no había por donde agarrarlo. Por eso lo que comento previamente. Para hacer algo verdaderamente bueno hace falta talento y trabajo. Si tienes ambos, eres trabajador y tienes talento, tienes el camino hecho. Si no, refuerza ambos en lo posible.

Algunos dicen que el talento es algo natural, que se tiene o no se tiene, pero siempre se puede cultivar. En este caso concreto, para crear, hace falta haber visto, leído, escuchado... haberse nutrido de otras historias. Una famosa cita de alguien que no recuerdo dice "Todas las historias ya están escritas. Solo hace falta saber como reescribirlas". Coger un poco de aquí, algo de allá, y en general sacar tu propia historia.

Forjar el talento
La mejor fuente siempre serán los libros, por lo descriptivo y porque tú pones la mitad del trabajo. En una película, sabes como se ve todo, como hablan los personajes, como se desarrolla la situación... En el libro toca hacer trabajar tu imaginación. No sabes cómo se ve un personaje, solo como te lo han descrito. Pero tú eres el que forma la imagen. Igualmente las voces, los paisajes, los tiempos, tonos... Por eso un libro siempre será la mejor forma de forjar el talento.
Sin trabajo no hay resultado
En cuanto al trabajo, aquí lo importante es nunca darse por vencido. Ni ser perezoso. ¿Que lo que tienes no es suficientemente bueno (aún)? Guárdalo. Déjalo descansar. Escribir es reescribir. Volver a algo que escribiste hace tiempo y que en el momento te parecía perfecto o terrible te ayuda a verlo de otra forma, con otra perspectiva.Y pide consejos, opiniones. Y acepta las críticas. Sobre todo si más de una persona remarca el mismo comentario.
Sobre la pereza, nunca se puede caer en ella. Parece algo evidente, pero es que hay veces que no nos damos cuenta. En ocasiones, bien porque no nos apetece describir por doceava vez un espacio o el aspecto de x personaje, decidimos engañarnos a nosotros msimos. "Bah, al fin y al cabo este personaje no es tan importante" o "Ya se imaginarán el espacio, al fin y al cabo es una casa como otra cualqueira".
Recordemos lo que hemos comentado antes. En un libro, las palabras son la fuente y la imaginación la que crea las imágenes. No podemos crear algo que no conocemos, o nos sentiremos insatisfechos al carecer de la información mínima. Y no nos equivoquemos, lo mismo pasa en un guión. No siempre podremos explicar al director o a arte como es eso que decidiste no describrir.
A la pereza muchas veces se le suma la prisa. Tiene un efecto similar, dejar algo a medias. Esta vez no por pura pereza, sino porque tienes tantas ganas de llegar a esa revelación grandiosa o a esa conversación ingeniosa que se te ha ocurrido. Y por llegar cuanto antes, lo que estaba antes puede ser prescindible. "De todas formas, era una escena mucho peor que la que está por venir".
Aquí estamos equivocados, todas las escenas son importantes. Si escribes una con desgana, para cuando el lector o espectador llegue a la escena que tan buena crees que es, vendrá aburrido, perdido o peor, ambas. Para esto, como recomiendo en este post sobre tips rápidos de escritura, lo mejor es tener siempre algo a mano donde escribir. El móvil, un cuaderno, un post it, en el antebrazo...

Si viene la inspiración, es el momento de escribir. Sobre todo si es buena. Luego ya habrá tiempo de descartar, ya habrá tiempo de terminar las escenas más pesadas o difíciles. Ahora escribe lo que te motiva, lo que te ha surgido, lo fresco. Siempre suele ser el mejor resultado, y sería un crimen dejarlo pasar.
Y esto son un par de consejos básicos a la hora de empezar a escribir historias, que generalmente se aprenden por la experiencia, pero que espero que a quienes leáis este post os ayuden a saltar ese paso y empezar con todo. Continuaré un poco con este hilo con un post sobre cómo crear un mundo o universo. ¡Un saludo y largas líneas!

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